
Hace 184 años, el historiador francés Natalis de Wailly, Jefe de la Sección Administrativa de los Archivos Departamentales del Ministerio del Interior de su país, elaboró la circular del 24 de abril de 1841.
En ella mencionaba el fondo de archivo como la necesidad de “reunir los documentos por fondos, es decir, reunir todos los documentos que provienen de un cuerpo, de un establecimiento, de una familia o de un individuo, y arreglar estos fondos con sujeción a un orden determinado”.
Es considerado el principio principal (primero y general) de la disciplina Archivística ya que, configura toda nuestra metodología y debería encontrarse presente en todas las intervenciones archivísticas. De él se desprenden el principio de orden original y el de integridad.
Este principio no fue enunciado luego de intensas lecturas o grandes debates teóricos: como gran parte del desarrollo de la teoría y la disciplina archivística, fue un saber construido en el ámbito de la administración en función de resolver problemas, reflexionando a partir de los saberes circulantes en cada época. Fue el «saber hacer», aplicado en escenarios diferentes, circulado y compartido lo que se plasmó en las obras que hoy consideramos baluartes de la disciplina.
La radical importancia de este principio reside en que es lo que nos posibilita asegurar el valor de evidencia de la información que poseen los documentos.
Porque permite preservar tanto la información que contienen los documentos, como sus contextos de producción (legales, sociales y organizacionales).
Esto habilita conocer su trazabilidad: quién, cuándo y en función de qué procedimientos lo produjo, cuál fue su ciclo y cómo llegó a la instancia en la que se está consultando.
Partir desde esta conceptualización respecto a la información generada, implica no centrarse solo en los documentos individuales, sino habilitar la posibilidad de que sean consultados tanto en función de los datos que contienen como del marco en el que fueron producidos, lo que aumenta su potencial informativo, además de asegurar su capacidad para la rendición de cuentas.
Archivos y ejercicio del poder
Quienes cuestionan la aplicación del principio de procedencia porque lo entienden como un “principio de autoridad” del productor sobre lo que nos “dice el archivo”; quizás no hayan podido valorar la inconmensurable información que poseen los contextos de producción.
Sin respeto por el principio de procedencia, sólo nos queda la información literal que está plasmada al interior de los documentos (y ése es el discurso del poder).
De archivos del poder al poder de los archivos
Un ejemplo de ello en la Argentina es que la gran mayoría de los documentos generados por las fuerzas armadas y de seguridad que han servido como prueba en las causas por delitos de lesa humanidad se presentaron junto a su contexto de producción para que pudiera “leerse” lo que se estaba diciendo con un eufemismo, con una sigla o con procedimientos que estaban plasmados en distintos documentos.
Aplicar el principio de procedencia es la única manera de dar al acceso los documentos en contexto, y eso permite:
- Que cada persona pueda indagar en ellos de forma soberana, en función de los temas o cuestiones que sean de su interés, interrogándolos y explotándolos como fuente sobre el asunto que quiera.
- Mayores posibilidades de recuperar voces, marcas o huellas de aquello que quiso ser silenciado.
- Indagar en el marco de creencias, interpretaciones y representaciones del sistema a partir del cual se ejerce el poder, así como sus resistencias.
- Evitar la instrumentalización y el extractivismo en los archivos.
- Brindar condiciones de posibilidad para el ejercicio de derechos y para ser posible fuente de memorias históricamente subalternizadas.
- Dar acceso a los archivos entendiendo que es el ejercicio de un derecho fundamental, requisito del Estado democrático y elemento de transformación social.
Nota: Si bien Antonia Heredia Herrera siempre recordaba que, aunque sin la referencia expresa al principio de procedencia, el respeto a los fondos o respeto al origen, se podía reconocer en siglos anteriores, en distintos instrumentos como la Ordenanza del Archivo de Simancas, en las del Archivo de Indias y en la organización del archivo de algunos monasterios como el de Oseira, en Galicia, es tradición conmemorar cada 24 de abril el enunciamiento del principio de procedencia.











