A 205 años del paso a la inmortalidad de Belgrano, invitamos a reflexionar sobre sus retratos en los archivos: lo icónico y los contextos que enriquecen la mirada histórica.
Se cumplen 205 años del paso a la inmortalidad de Manuel Belgrano y si bien casi todos tenemos presente su retrato más difundido, aquel logrado por Francois Casimir Carbonnier en 1815, durante la misión diplomática de Belgrano en Londres –en el que estaría basado el retrato de la primera placa–, la mayor parte de sus retratos fueron realizados después de su muerte.
Algunos investigadores e investigadoras han profundizado en el misterio de sus retratos. Tulio Halperín Donghi nos habla de un héroe sin rostro, ya que fue prácticamente imposible determinar cual fue el aspecto “verdadero” de nuestro hombre patrio. Para otros, como Malosetti Costa, esta ausencia de un retrato promovido por el mismísimo Belgrano, nos habla posiblemente de que él mismo no se percibió como un héroe militar y tampoco imaginó su rostro como símbolo de la independencia.
IMÁGENES DE BELGRANO A TRAVÉS DE DOCUMENTOS DE ARCHIVO
Es posible acercarnos a los distintos rostros de Belgrano a través de fondos documentales como el de José Juan Biedma, custodiado en el Archivo General de la Nación, que da cuenta de la labor de este periodista e investigador. Entre sus actividades, Biedma compuso una colección de retratos de procesos y figuras relevantes para la historia hispanoamericana, en la que Belgrano ocupa un lugar destacado.
Lejos de pretender llegar a la “verdad” con los documentos de archivo, estos nos permiten contextualizar el origen de ciertas huellas del pasado y enriquecer la mirada que tenemos sobre éste.











